Volteando mi anterior entrada, toca advertir de los peligros que se esconden bajo el pretendido profesional que se disfraza de aparente amigo.
Desde luego, el cercano puede albergar facetas desconocidas cual nos representa tan simbólicamente el gran Schulz:
Esta tira del 22 de septiembre de 1987 de los Peanuts comienza con una contrariedad cotidiana de Carlitos en uno de sus clásicos partidos fallidos:
Ya la viñeta hace patente el exceso que se comete de ordinario en plantear controversias por cualquier cuestión y hasta llevarlas al extremo del mayor ataque, cuando ni siquiera se sabe por qué o contra quién pueda uno dirigirse.
Y el siguiente paso de la irracionalidad impulsiva suele ser precisamente buscar el abogado que pueda dar forma al absurdo manifiesto.
Como si fuera el recurso más rápido e inmediato, de repente bajo la gorra de béisbol se revela el emblema pensante de nuestro héroe.
Es obvio que ello sorprende vívamente a quien no deja de sufrir las excentricidades de su querido perro.
Pero la crítica mayor que subyace a tal escena tiene, por un lado, el correlato social de la frecuencia con que la gente más común nos sorprende con consejos de todo tipo.
Y, por el otro lado, en esta profesión que volteamos no dejan de ofrecerse también con rápidez los más prestos "tarjeteros" en pos de cualquier causa, por muy ajena que sea a sus conocimientos.
Aquí es donde el peligro llega a ser expresado con magistral acidez por el gran caricaturista del siglo XIX, Honoré Daumier, como el otro referente indispensable para voltear:
Esta plancha satírica de la profesión lleva consigo una leyenda donde comienza sugiriendo el Abogado: "poned pleito, ponedlo... Jugaréis una buena pasada a vuestro vecino... Le haréis soltar más de cien escudos". Y acaba contestando el escéptico cliente: "Sí, pero es que yo también tendré que soltar los míos... mis escudos... y la verdad no me apetece nada" (Gentes del Foro, Civitas, Madrid, 1986, págs. 110-111).
¡Cuidado, pues, con esa mano aparentemente cómplice!
Una mano, sin duda, muy diferente a la que al principio nos levanta su gorra de fiel acompañante deportivo, pero atención siempre al rostro y la situación de quien se nos disfraza de próximo.





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