martes, 24 de noviembre de 2015

V (29) REGLES pour FORMER avocat: DE LA ELOCUENCIA en general

Llama la atención cómo el "traductor" español de la célebre obra francesa sobre la formación del abogado prescinde de los preliminares expositivos del original para pasar a tratar de una virtud con la que arranca la segunda parte de esta: "DE LA ELOQUENCIA en general".



Y así comienza su exposición este apartado:


La elocuencia, considerada en general,
es el arte de bien hablar,
ilustrando y persuadiendo el espíritu,
y moviendo al mismo tiempo
el corazón.

La sorpresa expuesta al comienzo proviene de pasar a resaltar una habilidad antes de tratar de los fundamentos de la materia a tratar y de su lógica en la distinción del bien y del mal.

                  

Lo cual es tanto como decir simbólicamente que se dejan a un lado los pasos previos de la antigua clasificación de las artes liberales, para obviar la "gramática" (fundamento del conocimiento que afila y sutiliza el intelecto) y la "lógica" (discernimiento clásico de lo que es verdadero y falso, como relativo a la razón y que en una ilustración misteriosa la expone como una joven con un dragón velado, en el sentido de inaccesible y ser venenoso, que se convierte en medicinal).

                      

Sólo tras los anteriores pasos aparece la RHETÓRICA como cierre de esta primera parte clásica de "las Artes Liberales, o TRIVIUM, pues una vez que se ha discernido entre lo verdadero y lo falso, el siguiente paso es la expresión de la verdad por medio de la Retórica, que es el arte del bello lenguaje que persuada y guía a los hombres" (Raimon Arola, 1997).

La imagen expone la dificultad de conseguir esta habilidad mediante la coraza que lleva la joven sobre el pecho, en el sentido de basarse en una sólida formación protectora.



Nuestro traductor de 1794 debate lo polémico de esa formación de la elocuencia en los siguientes términos:


Es preciso confesar que las reglas
que se hallan amontonadas
en los libros de Retórica solo sirven
para corromper el talento.
Por tanto deberá el Abogado
entresacar los preceptos más convenientes
al género de la elocuencia,
que desea cultivar,
valiéndose del arte para perfeccionar
la naturaleza.
Este el medio necesario para formar
un hábil Orador,
porque el arte debe ser engertado,
por decirlo así,  en la naturaleza.
Ambos se sirven y se ayudan mutuamente:
la naturaleza sosteniendo al arte
y el arte perfeccionando a la naturaleza.


Pero aunque la naturaleza sola 
no sea capaz de formar un Orador
sin el auxilio del arte,
también es preciso confesar,
que el arte de bien hablar 
sería de poca consideración,
si no estuviese sostenido por la naturaleza,
porque la elocuencia requiere
ciertos dones de la naturaleza, como son:
profundidad de ingenio,
grandeza de alma,
juicio sólido,
comprehensión viva,
memoria feliz,
imaginación fecunda, 
una voz sonora,
una pronunciación clara y valiente,
un semblante sereno y agradable,
y un porte sencillo y modesto,
acompañado al mismo tiempo
de cierto aire de autoridad,
propio para persuadir a los oyentes.


Si a todas estas ventajas
agrega la experiencia del mundo,
el conocimiento de las bellas letras,
una ciencia profunda,
y un estudio y aplicación constante,
adquirirá infaliblemente el Orador
aquella elocuencia insinuante
y persuasiva, que sabe conciliarse
la aprobación del público,
y la voluntad de los Jueces.

¡Qué más se puede pedir! Ensayar y ensayar... en casa.

Abundará, además, nuestra CIENCIA DEL FORO de 1794 en la aportación de cartas sobre los "modelos" de elocuencia y sus tres "géneros o caracteres", de las que hablaremos en posteriores entradas.