Nuestro fiel guía canino en las caricaturas de esta vida judicial nos introduce ahora en un relato de fábula, que puede trasmitir una idea singular del sinsentido.
Niños y adultos lectores de cuentos ingleses podrán reconocer en las ilustraciones que acompañan a nuestro héroe una de las aventuras más conocidas del personaje creado por Beatrix Potter: Peter Rabbit o Perico el conejo travieso.
El horticultor McGregor (el tio Gregorio en la versión española) descubre al gran depredador de sus zanahorias y le perseguirá sin tregua por toda su trabajada plantación.
Hasta que el pobre conejo caiga atrapado en una red.
Por fortuna, y con ayuda de otros animalitos, podrá escapar del apuro
Pero aquí es donde su defensor plantea el drama judicial:
A pesar de su condición de enemigo del huerto, el predador así exhibe su dolor, cuando su propósito hubiera sido dar buena cuenta del trabajo ajeno...
Los gestos dominan el juicio y las apariencias se imponen a una realidad que ya ni se sabe cual pueda ser o siquiera se pueda o quiera saber.
¿Habrá otras razones de fondo a considerar? Sin duda el pobre conejo tiene una necesidad alimenticia o su condición le llama por naturaleza a tal glotonería.
Nuestro sabio abogado pide un receso ante la emocionalidad desbordada. ¿Qué sorpresas nos reservará la discontinuidad?
¿Ha perdido algo el reclamante? ¿Será un indicio, vestigio y muestra de culpabilidad? ¿O quizá un daño más infligido en sus escasas posesiones o una humillación pública?
Continuará...





