Interrogarse ante tan desproporcionado monstruo parece ser el destino del emplumado ciudadano común que nos dibuja nuestro genial caricaturista de cabecera.
El árbol del conocimiento no estaba
en el jardín de Dios para las informaciones
que hubiera podido dar sobre el bien
y sobre el mal, sino como emblema
del juicio sobre la interrogación.
Esta grandiosa ironía es la marca
del origen mítico del derecho.
(Walter Benjamin: "Sobre el lenguaje
en general y sobre el lenguaje
de los hombre" en ANGELUS
NOVUS, Ed. Comares 2012)
Volviendo a lo profano, el gran Schulz simboliza en una larga tira dominical lo que comienza siendo un dialogo de sordos:
Ni el diálogo, ni la interrogación que propone nuestro amigo son contestado por el temible muñeco de nieve y por ello su reacción deviene en violenta:
Y el resultado es que se causa un daño que lo atemoriza y huye hacia la casa del abogado:
Se trata de buscar otro campo
en el que cuenten sólo la infelicidad
y la culpa, una balanza en la que
la bienaventuranza y la inocencia
resulten demasiado ligeras y suban.
Esta balanza es la balanza del derecho.
Las leyes del destino, infelicidad y culpa
son puestos por el derecho como
criterios de la persona;
pues sería falso suponer que en el cuadro
del derecho se encuentra solo la culpa;
se puede demostrar en cambio
que toda culpa jurídica
no es más que una desgracia
(WB "Destino y carácter"
en ob. cit. pág. 135)
El pecado original es el acto de nacimiento
de la palabra humana,
en la cual el hombre no aparece
ya más intacto, es la palabra
que ha salido fuera de la lengua nominal,
conocedora y casi se podría decir:
que ha salido de la propia magia
inmanente para convertirse
en expresamente mágica.
La palabra debe comunicar algo
(fuera de sí misma).
Tal es el verdadero pecado original
del espíritu lingüístico.
(Ob. cit. pág. 93)
En las palabras del abogado parece también residir la condena, a juzgar por la reacción del cliente.
Una sarcástica plancha del corrosivo Daumier hace gráfico un contraste paradójico del uso del desmayo por el abogado:
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| (Gentes del Foro, Civitas, Madrid, 1986), |
También Schulz se cuestiona en otras tiras si el abogado sufre y así surge otra reflexión filosófica:
El otro, despojado de su alteridad,
queda degradado a la condición
de espejo del uno,
al que confirma en su ego.
Esta lógica del reconocimiento
atrapa en su ego,
aún más profundamente,
al sujeto narcisista del rendimiento.
Con ello se desarrolla una
depresión del éxito.
El sujeto depresivo del rendimiento
se hunde y ahoga en sí mismo.
(Byung-Chul Han,
La agonía del Eros,
Herder, 2014)
Magnífico detenimiento de nuestro héroe, parece que su reflexión atente contra las derivas del hombre actual y también contra su ajenidad del otro:
La amistad, esa relación sin dependencia,
sin episodio y donde, no obstante,
cabe toda la sencillez de la vida,
pasa por el reconocimiento
de la extrañeza común que
no nos permite hablar de nuestros amigos,
sino sólo hablarles,
no hacer de ello un tema
de conversación (o de artículos),
sino el movimiento del acuerdo
del que, hablándonos, reservan,
incluso en la mayor familiariedad,
la distinción infinita, esa separación
fundamental a partir de la cual
lo que separa se convierte en relación.
(Blanchot, La amistad,
Ed. Trotta 2007, pág. 266)

La enormidad del monstruo está en la tragedia y la desgracia que provoca ciegamente y nuestra única defensa es la palabra que, independientemente de su acierto (deseable), convoca la relación personal que acompaña.
Y no me disculpo (aunque sea lo cortés) de las digresiones místicas que pueden hacer pensar más relaciones.









