El recorte de esta viñeta de Schulz viene de la tercera entrada de este blog porque voy a traerla a colación en una comparación necesaria, no sólo por el paso del tiempo, sino porque el paralelismo simbólico y contradictorio de ambas tiras nos pone sobre la pista de la cuestión que voy a tratar.
Allí (http://abogavolt303.blogspot.com.es/2014/01/ii-realidad-primaria-voltear.html ) se reflexionaba sobre el origen del desempeño de esta profesión en los términos irónicos de un determinada "sensibilidad", y uno de los obstáculos que encontraba nuestro protagonista en tales comienzos se presentaba así:
La ofensa descarada se refiere entonces al "disfraz de perro" a pesar de lo reciente de pensar en cómo surge o se hace la profesión de abogado. Y ahora, cuando pasado el tiempo ya el experimentado profesional hasta se permite soñar con:
... nos encontramos con la sorpresa de que el paralelismo afrentoso se trueca así:
¿Habrá una pérdida de autenticidad que hace traslucir al cínico-perro tras la vestimenta por la vanidad reinante, mientras al principio el ejercicio de la profesión resultaba más natural al integrarse la idea en el sentir y en su porte?
"El peligro, entre nosotros los hombres,
radica en que, cuando creemos
analizar nuestro carácter,
en realidad estamos creando
las piezas de un personaje de novela,
en quien ni siquiera ponemos
nuestras verdaderas inclinaciones...
La imagen que cada uno se hace
de sí mismo: ¡se ve a la primera
entre los hombres maduros!
En mi caso lo que pasa es que
aún no está formada del todo,
-y eso es lo que me hace creer
en la sinceridad mi análisis personal.
Pero con el pasar de los años,
no cabe duda de que mi personaje
acabará formalizándose;
entonces escribiré "YO" sin vacilar,
sabedor de quién estoy hablando.
La cosa no deja de ser fatal,
como la muerte..."
(OBRA COMPLETA DE
A.O.BARNABOOTH,
de Valery Larbaud,
TRIESTE, 1988, pág. 127)

La reacción ante la ofensa sigue siendo la misma "descarga olímpica de rabia" que la vieja cartera propina al contrario.
Todo se voltea en la acción, y así como todo parece "volar" también los resultado reflexivos cambian, y de lo que en un inicio era una muestra de "nacer sensibles" ...
... ahora la ironía cambia para situarse en un supuesto objetivo civilizado:
¿Así rige "la ley" la sociedad? Parece una burla y desde luego el contenido paradójico y cínico es indudable, pero si se quiere trasmutar simbólicamente la imagen nos encontramos, primero, con una realidad que no deja de sorprendernos con conflictos interminables y, segundo, con un deseo de cambio radical, en una suerte de pretensión de voltear las convicciones.
El ofendido abogado cierra los ojos ante su destino, humillado en su ser perruno no se da cuenta de que el volteado es él mismo por su propia vanidad, en la cual el ridículo acaba siendo su vestimenta tan poco creíble y su persona disfrazada sin la convicción auténtica.
Lo que me recuerda otra célebre plancha del caricaturista decimonónico Daumier:
"Su señoría lee en una publicación judicial el elogio de sí mismo escrito por él mismo" reza el pie de dicha plancha.
Hasta tal punto nos excluimos de la realidad que la burbuja del egotismo nos atrapa por completo, creyéndonos y hasta mostrando total devoción por nuestras propias complacencias.
De ahí la necesidad de que nos veamos a nosotros mismos como los volteados para que las convenciones no suplanten la realidad material de la ley, como tampoco impidan que la auténtica sensibilidad siga siendo la de los orígenes idealistas y no se novele una ficción por más que sea necesaria.










