sábado, 21 de junio de 2014

III (13) ESPECIALIDADES en TARJETA por SUEÑO de OTRO

Las tarjetas de visita son una presentación, una apariencia.


"¿Qué es ahora para mi la `la apariencia´?
Verdaderamente no algo
contrapuesto a algún ser:
de cualquier ser no sé decir otra cosa
que los predicados de su apariencia"

Nietzsche supera en el aforismo 54 de "La Gaya Ciencia" la simple idea de la apariencia o la máscara como disimulo, indicio de falsedad o motivo de engaño, para conducirse a través de un elemento de la realidad (como las mil caras de un Proteo con el que hemos de enfrentarnos).

Nos ciega y nos lleva más a la equivocación un rechazo, o un prejuicio o descalificación inmediatos que un expectante respeto ante un dato objetivo que tendremos tiempo de evaluar.



Schulz es de lo más expresivo cuando la sorpresa reposa en el cara de cualquiera de sus personajes, y este filosófico Linus abre y cierra una tira digna del frontispicio del mejor despacho de abogados.



Su apertura nos conduce por el sendero de una aguda pregunta: quiere conocer la especialidad del disfrazado personaje a través de su tarjeta. Nuestro héroe perruno busca en su misteriosa cartera, como queriendo sacar una auténtico conejo de la suerte.

Ya lo dijo el célebre sociólogo italiano Vilfredo Pareto, conocido por su celebre teoría de la circulación de la élites, y no ajeno a los indicios de la posición social de las profesiones.





Observó cómo los “cartelitos” son un medio “para asignar a cada individuo su puesto en las diversas clases” y, así, “la tarjeta del abogado indica a un hombre que debería saber de leyes y que con frecuencia sabe verdaderamente, pero que en ocasiones no sabe nada de leyes” (Cap. XI del Tratado de Sociología General, traducido en “Forma y equilibrio sociales”, Minerva Ediciones, Madrid 2010).

Pero, regresando a nuestros lúcidos personajes de historieta satírica, la posición "social" del sedicente abogado la veremos reflejada con precisión:



Tras la larga exposición de variadas especialidades, encontramos finalmente la que llena de contento y orgullo (no vamos a entrar ahora en otras acepciones de "mordisco" que dejaremos para otro momento) al atinado profesional.

Parece que estamos viendo en esa cara complaciente al protagonista de "Juegos de la edad tardía" de Luis Landero, con su proliferación de tarjetas como característica exterior de unos "afanes" que dominan esta magnífica historia, de la que ya se cumplen 25 años de su publicación, como todo un clásico de nuestras letras recientes.

                                    
                                  
Sin que la meras tarjetas de visita nos lleven a semejante extravío, ni la complacencia nos embote el entendimiento, el indicio que queda impreso en la rutilante tarjeta no sólo ilumina especialidades o necedades, sino que a veces nos deja con el mero dicho de "ABOGADO".

Siendo una fórmula usual y más que suficiente, siempre me ha gustado voltear su significación sentimental y filosóficamente.

¿Puede ser que ya sólo “abogar” sea una demanda social que se requiera por sí misma? No quisiera con ello plantear ninguna competencia a psicólogos o expertos en autoayuda, pero siempre me ha tentado especular cuánto necesitamos que otros nos defiendan ante pretensiones que nos superan o respecto de las cuales nos gusta sentir que se nos arropa.

Podríamos soñar con ser "abogantes de otro".

Y terminamos así con otra cita del mismo libro y el mismo aforismo lúcido con el que comenzábamos:

                                      


La apariencia es para mi
lo que actúa y vive,
que en su autoirrisión llega tan lejos
que me hace sentir
que aquí hay apariencia
y fuego fatuo y danza de los espíritus,
y nada más,
que me hace sentir que entre todos 
esos soñadores también yo,
el que "conoce", danzo mi danza,
que el que conoce es un instrumento
para ir alargando la danza terrena
y por ello se cuenta
entre los acomodadores de la existencia,
y que la suprema ilación y trabazón
de todos los conocimientos quizá sea
y será el más alto instrumento
para mantener la universalidad
de la ensoñación 
y la universal intelegibilidad mutua
de todos esos soñadores,
y precisamente por ello
la perduración del sueño
(EDAF, pág. 128)


lunes, 9 de junio de 2014

III (12) EJERCIENTE junto a REALIDAD VITAL

Cliente y abogado, vida y profesión, tragedia y culpa se confunden en la famosa película PHILADELPHIA (Johathan Demme, 1993), protagonizada por Tom Hanks y Denzel Washsiongton, hasta el punto de esbozar uno de esos encuentros cruciales con la realidad más vívida.




El que parecía el más exitoso abogado se convierte en cliente por una desgracia en su trabajo, relacionada con la enfermedad del sida y su origen en su homosexualidad.

Para ventilar un despido ilegal, esa tragedia se mete en la sala de justicia y aunque en un principio el juez rechaza preguntas sobre las costumbres sexuales (no vivimos en la sala, le replica en un momento dado el abogado), esta realidad discriminatoria acaba erigiéndose en el mayor postulante, de la misma forma que la injusticia de ese trato se hace patente alterando conductas en la realidad social.



Aquí se hace palpable la intercomunicación casa-juzgado y cómo las experiencias de un lugar pasan al otro y de éste al primero, con no pocas conclusiones vitales.

Rebajando la tensión, pero sin perder el hilo, una tira de los Peanuts siempre me ha llevado a esta misma tesitura:



La siempre impulsiva Sally hace dudar enormemente en su camino a nuestro disfrazado personaje.

El hogar se aleja de igual manera que se pospone la solución. Las dilaciones y las demoras son los primeros efectos notorios de la Administración de Justicia ante la ciudadanía y en esta tira se hace patente en un gráfico doble sentido.



De un lado, se traduce por "gran casa" un destino demorado e incierto, y, por otro, resalta cómo el Abogado no puede tener prisa de regresar a su "casa", lo que es una buena manifestación de cómo el profesional ha de renunciar en muchos casos a su ocio y en particular a su ámbito doméstico.




Aunque esto no sea un tema directamente tratado en la película sí que aparece cómo el que fuera en un primer momento abogado de éxito viene ocultando su vida privada y ello sin poner en cuestión un ejercicio profesional que llega a calificar de maravilloso.

Pero, desde luego, en el contraste triunfa el genio de la vida, con un aria operística que Tom Hanks interpreta desde la mayor profundidad:
                                                             

¡Vive todavía! ¡Yo soy la vida!
¡En mis ojos está tu cielo!
¡Yo recojo tus lágrimas!
¡Yo me encuentro en tu camino y te socorro!
¡Sonríe y espera!
¡Yo soy el amor!

Y finalmente con la oscarizada canción de su banda sonora, "Streets of Philadelphia", interpretada por un Bruce Springsteen que pasea serio y resolutivo por sus calles, declamando pasajes como los siguientes: 

Yo estaba dañado y maltrecho
y no podría decir lo que sentía.
Estaba irreconocible a mí mismo.
Vi mi reflejo en una ventana
y no conocí mi propia cara.
Oh hermano vas a dejar desperdiciarme?
En las calles de Filadelfia


Ningún ángel me va a saludar.
Estamos solamente tú y yo mi amigo.
...
La noche ha caído, yo he quedado despierto.
Puedo sertirme desvanecer.
Pues recíbeme hermano con tu beso infiel.
O nos dejáremos uno al otro así.
En las calles de Filadelfia.

Y como enigma final sobre el lugar del derecho frente a la tragedia valga el siguiente texto de Walter Benjamin en su ensayo "Destino y Carácter":

Por un error, puesto que ha sido confundido
con el reino de la justicia,
el orden del derecho,
que sólo es un residuo del estado demónico
de la existencia de los hombres
-durante el cual los estatutos jurídicos
no regularon sólo las relaciones
entre ellos, sino también con los dioses-
se ha conservado más allá de la época
que inauguró la victoria sobre los demonios.

No es con el derecho, sino con la tragedia,
como la cabeza del genio
se ha alzado por primera vez
desde la niebla de la culpa,
porque en la tragedia
el destino demoníaco es quebrantado.

La música vital se impone sobre las apariencias del derecho, a la busca del carácter personal del regreso a casa.