
La justicia, más que un pura balanza, se convierte en vida, como devenir de personas en la incertidumbre y, aquí, al que toca hacer labor de caminante es al abogado.
En orden a ello se me representa con gráfica ternura el cercano recurso al abogado -que hemos de encontrar en el parque- según nuestros queridos Peanuts:
De entrada, el profesional se muestra más que accesible y
cercano, verdaderamente familiar o cotidiano, hasta el punto de que se busca su
consejo en el lugar más abierto a lo natural (el parque). En ese marco tan próximo y
ameno, a la vez que infantil y juguetón, se sitúa la seria consulta.
El paseo, como lugar y momento de la expresión de la injusticia por el cliente-Linus, y
el comienzo de la sesuda reflexión, siempre me ha recordado el tan conocido
elogio del filósofo francés Rousseau a la virtud de caminar como forma de hacer
fluir el pensamiento.
Además, el paseo hace el encuentro y el debate más propicios
al surgimiento del más necesario vínculo entre uno y otro: la confianza.
La
conclusión en el banco no hace sino aumentar esa estrecha cercanía, hasta casi
convertir el encuentro profesional en una franca amistad y de ahí que el
cliente-amigo se desahogue con tanta libertad, como si estuviera en su propia casa.
Casi tanto más que encontrar
una solución se requiere el consuelo o un abierto compartir lo que tan
dolorosamente guarda dentro el cliente, y al aflorarlo ya tiene su primera recompensa, si
es que el profesional es capaz de trasmitir esa receptividad.
Claro que ante un
tan circunspecto abogado como Snoopy verdaderamente la confianza llega hasta el
extremo de permitir cualquier inusitado prurito de elocuencia del cliente, lo cual no deja de
empezar a sorprender al práctico ejerciente.
De entre
todos los significados irónicos posibles, y al margen del posible cinismo que
desprende, me ha gustado siempre ver en este chocante final de la tira un gesto de sorpresa porque se pidan más pensamientos.
Esto
es, para el profesional se ha que “actuar” como forma de pronta solidaridad con el afligido amigo.
Tal
llamada a la acción puede ser una defensa del personaje, que quiere atacar sin
más la injusticia con una resuelta disposición a la acción, pero está claro que
también puede apreciarse la crítica a la irreflexiva determinación con que en
ocasiones puede precipitarse el abogado: como si no le hiciera falta “pensar” nada.
Pensarse, desde luego, pero también acompañarse.



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