domingo, 16 de febrero de 2014

II (5) JUSTICIA EN EL PARQUE: PENSAR Y PASEAR

Dado lo precario de la justicia humana, cual nos refiere André Gide con ocasión de su paso por tribunales de jurado, acaba siendo lo cercano y cotidiano una contribución muy importante a tan legítima pretensión.

                                                        

La justicia, más que un pura balanza, se convierte en vida, como devenir de personas en la incertidumbre y, aquí, al que toca hacer labor de caminante es al abogado.

En orden a ello se me representa con gráfica ternura el cercano recurso al abogado -que hemos de encontrar en el parque- según nuestros queridos Peanuts:




De entrada, el profesional se muestra más que accesible y cercano, verdaderamente familiar o cotidiano, hasta el punto de que se busca su consejo en el lugar más abierto a lo natural (el parque)En ese marco tan próximo y ameno, a la vez que infantil y juguetón, se sitúa la seria consulta.

El paseo, como lugar y momento de la expresión de la injusticia por el cliente-Linus, y el comienzo de la sesuda reflexión, siempre me ha recordado el tan conocido elogio del filósofo francés Rousseau a la virtud de caminar como forma de hacer fluir el pensamiento. 

Además, el paseo hace el encuentro y el debate más propicios al surgimiento del más necesario vínculo entre uno y otro: la confianza.

La conclusión en el banco no hace sino aumentar esa estrecha cercanía, hasta casi convertir el encuentro profesional en una franca amistad y de ahí que el cliente-amigo se desahogue con tanta libertad, como si estuviera en su propia casa.



Casi tanto más que encontrar una solución se requiere el consuelo o un abierto compartir lo que tan dolorosamente guarda dentro el cliente, y al aflorarlo ya tiene su primera recompensa, si es que el profesional es capaz de trasmitir esa receptividad. 

Claro que ante un tan circunspecto abogado como Snoopy verdaderamente la confianza llega hasta el extremo de permitir cualquier inusitado prurito de elocuencia del cliente, lo cual no deja de empezar a sorprender al práctico ejerciente.

De entre todos los significados irónicos posibles, y al margen del posible cinismo que desprende, me ha gustado siempre ver en este chocante final de la tira un gesto de sorpresa porque se pidan más pensamientos

Esto es, para el profesional se ha que “actuar” como forma de pronta solidaridad con el afligido amigo.


Tal llamada a la acción puede ser una defensa del personaje, que quiere atacar sin más la injusticia con una resuelta disposición a la acción, pero está claro que también puede apreciarse la crítica a la irreflexiva determinación con que en ocasiones puede precipitarse el abogado: como si no le hiciera falta “pensar” nada.

Pensarse, desde luego, pero también acompañarse.

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