jueves, 6 de febrero de 2014

II (4) PRIMARIAS TRIVIALIDADES CON AMOR

Es tan extraño oír la palabra amor en boca de un abogado (así como tan desgastada y absurdamente en la de tantos charlatanes) que cuando se escucha en orden a la defensa de alguien me acude una simpatía y una ternura infinitos. 

Será por el propio desvalimiento de la misma palabra en tales contextos.

Guibert-Sfar, La hija del profesor

Defendamos la palabra, como realidad sentida, en contra de tantas demagogias.

Y qué mejor campeón en esta justa que nuestro perruno héroe, encarnación de la multiforme ironía del gran Schulz.


En estas viñetas contrasta vívamente la elevada erudición de esos infantiles dedos filosóficos ante la atenta expectación o el sano escepticismo respetuoso de un Snoopy que parece conducir su interior por una estimación profunda de la cuestión.

Aquí está el momento en que Serlock Holmes encontraría su "play of musement" (observación, impresión y meditación) para sorprender con todo tipo de sugestiones.


Pero, más que una ocurrencia genial, nuestro amigo recurre a la confesión de una realidad material cotidiana, lo que pudiera sorprender por su simplicidad y que, sin embargo, es una puerta abierta a voltear convenciones.


Su mueca de tristeza parece venir no tanto de la confesión en sí, o de las eventuales trivialidades propiamente dichas, como de su preocupación por que “la ley” se olvide o aleje de ellas. Es el trabajo cotidiano (que por trillado a veces tanto se desprecia) el que toca dignificar, porque muchas veces es el cauce de solución más entendible por el cliente.

Y hasta el profesional debe legítimamente alegrarse (“mejor”) que pase tan desapercibido tal ejercicio normal ante el estrellato que se predica tantas veces de la invocación vacía de “la ley”.


La primera viñeta de Guibert-Sfar tenía como contrapunto este duro alegato de culpabilidad y por ello puede cerrarse este circulo de "trivialidades" reivindicando la manera en que se enfrentan brutalmente lo exaltado con lo esencial.

Reivindico al héroe de la sencillez sentida frente al declamador de grandes palabras en cualquier púlpito.

El amor puede despreciarse por trivial o ignorarse por la ley pero no dejará de ser la realidad más necesaria.




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