jueves, 23 de enero de 2014

I.- EN EL PRINCIPIO FUE SOÑAR: folios amarillos.

En el comienzo siempre hay idealismo y anotación. Miramos al cielo y a la idea que hemos de anotar. Aunque no deja de haber quien mire de inicio a su bolsillo, no puede dejar de pasar el oficio por el magín y por el bolígrafo.


Descansamos en nuestra cartera portafolios. ¿Encerrará nuestras ilusiones o nuestros afanes? A un lado el sombrero de nuestros pensamientos. Los sueños y la escritura confluyen, conforme nos quieren y regalan los más filosóficos de nuestros amigos.


Esta apertura es una concesión a la debilidad “literaria” que se esconde entre los pliegues más secretos de nuestra vocación profesional. A veces con una pretensión de dominio del problema o el conflicto que conduce a vanidades intolerables.

Confieso que en mi caso este vínculo físico con el papel lleva a verme seducido por los más diversos formatos de anotación. Desde el pequeño bloc de avisos, al folio de anillas o encuadernado, pasando por la cuartilla apaisada de cantos redondeados,...

Históricamente tal vocación entronca con los apuntes de clase con motivo del aprendizaje escolar o universitario (cercanos a la cotidianeidad más doméstica), y llega hasta las notas marginales de la estrategia oral. Sin duda el ordenador se erige ya en campeón indiscutible frente a este trabajo amanuense, pero sin el papel sufriríamos una desnudez embarazosa.

obra de angel badia camps
En todo caso, hay un indudable sueño infantil en ese rostro tan expresivamente interiorizado de Snoopy-abogado, de una hondura y una intensidad tales que parecen suministrar todo un aliento inspirador al sueño de abogar. 


¡Y atención a ese lugar de arrobo que será este tan querido banco del parque! Entorno de sus vivencias profesionales, ¡como si de un despacho “abierto” se tratara!

Ese idilio no evita que se trasluzca una crítica a tan vanidosa querencia hacia un objeto que se distancia del simple folio en blanco, como si pretendiera evocar el rutilante color de la prensa de las finanzas, en su importancia crematística.

Pero el amarillo no deja de ser un color de advertencia. De llamada de atención de todo cuanto se nos olvida.

Afanes siempre unidos al abogar.


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