martes, 22 de diciembre de 2015

V (30) REGLAS para FORMAR abogados: ELOCUENCIA simple DORMIR

El primer género de elocuencia que nos describe nuestra CIENCIA DEL FORO de 1794 es la llamada "simple", cuyo carácter ha de ser "instructivo"...


Como las principales obligaciones
del Orador son instruir, agradar y mover;
del mismo modo se dan tres géneros
de elocuencia, correspondientes
a cada una de dichas obligaciones u oficios.
Se llaman ordinariamente,
género simple y templado (y sublime).
(Editorial MAXTOR, 2002, 
Carta III, pág. 191)




El primero, según Quintiliano,
conviene más particularmente
a la narración y sus pruebas,
formando su principal carácter
la claridad, la simplicidad
y la precisión.


En esta tipología para resaltar el objeto de la argumentación, pero realmente, como veremos, no es tanto el propósito como la accesibilidad común a lo que se dice, con el mayor interés de tener un orden básico en su exposición.

Es decir, se trata de un escalonamiento de grados en su adorno y complejidad.


Pero se matiza:

Algunos están en el error
de que no es menester tener
mucha habilidad y talento 
para lograr el género simple,
y la causa de esta alucinación
consiste en que cómo un discurso
de este género, oído y leído
por cualquiera tiene un estilo
tan natural y tan poco
distante del común modo de hablr,
aún los hombres de menos elocuencia
se creen capaces de imitarle.

El autor epistolar insta a desengañarse de ello, porque si se intentara con ligereza se defraudaría.

No ocurre así a los que tienen
el gusto de la verdadera filosofía
y están versados en ella.
Conocen bien la dificultad
que hay en hablar con exactitud
y solidez, y en decir las cosas
de un modo tan simple y natural,
que parezca muy fácil a cualquiera.

Lo aparentemente fácil y natural suele ser lo más difícil de poner en escena.

Esta de que tratamos consiste
en cierta ingenuidad y elegancia 
que agrada mucho más,
por lo mismo que no lo solicita.
...
Su ingeniosa simplicidad
sacada de la misma naturaleza,
es lo que agrada y encanta.


Al hacerse las exposiciones con palabras, estas suelen traicionar esa naturalidad, y tampoco el apasionamiento que quiere aparentar sinceridad viene a ser lo más instructivo.


No puede confundirse lo instructivo con lo aburrido y mucho menos con lo artificioso.


Como tampoco lo apasionado evita lo plumbeo, cual lo hace gráfico esta clásica plancha de Daumier, aunque su mensaje también apuntara hacia la ceguera de la Justicia.

También hace falta filosofía para abrir la mente a lo común.





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