miércoles, 15 de octubre de 2014

III (17) EJERCICIO de PASIONES y SENTIDO LÓGICO

Un fantasma recorre la profesión. El surgimiento de las pasiones adversas en el juzgador. Así se descubre el fondo de las emociones que atormentan el juicio ante la acción.



Nuestro mejor amigo gráfico en estas lides vuelve a ser Schulz, al que confiamos el rostro de la situación a indagar.

Desde el primer día nos asalta la duda, el miedo. Nuestras convicciones, que creemos bien formadas, chocan con la realidad del rostro ajeno y especialmente con la de aquel que hemos de convencer y en particular de quien ha de decidir.



Esta apertura irónica a las pasiones contrarias nos ofrece el mejor pórtico para un esbozo de reflexión sobre su influencia en el quehacer de profesional y, más en general, acerca de su aprecio o desprecio en la lógica argumentativo y vivencial.

PERELMAN venía a defender en su TRATADO DE LA ARGUMENTACIÓN que las pasiones no sustraían de la razón sino que influían en la mala elección de las razones.

                                      

PEIRCE expuso en sentido más amplio, en LA FIJACIÓN DE LA CREENCIA:


La logicidad en cuestiones prácticas
(sabia unión de la seguridad
con lo fructífero del razonar)
es la cualidad más útil
que puede poseer un animal, 
y, por tanto, puede derivarse
de la acción de la selección natural;
pero fuera de esto
probablemente es más ventajoso
tener la mente llena de visiones
estimulantes y placenteras,
al margen de su verdad;
y es así por lo que la selección natural,
en temas no prácticos,
puede dar lugar a una tendencia
falaz del pensamiento.

El contexto psicológico del XIX y la influencia de este potente lógico americano ha llevado al estudio profundo de lo que se denominan proceso abductivo y método indiciario, que estarían presentes en la lógica argumentativa del famoso detective Sherlock Holmes:

En la resolución de un problema
de este tipo, lo principal es la capacidad
para razonar hacia atrás.
Es una habilidad muy útil
y muy fácil, pero que la gente
no practica mucho.
En los asuntos de la vida cotidiana,
es más útil razonar hacia adelante,
y por eso la otra manera se descuida.
Existe cincuenta persona que pueden
razonar sintéticamente por cada
una que puede razonar analíticamente.
La mayoría de las personas,
si se les describe una sucesión de hechos,
le anunciarán cuál va a ser el resultado.
Son capaces de coordinar mentalmente
los hechos y deducir que han de tener
una consecuencia determinada.
Sin embargo, son muy pocas las personas
que si se les cuenta el resultado,
son capaces de extraer de lo más hondo
de su propia consciencia los pasos
que condujeron al resultado.
A esta facultad es a la que me refiero
cuando hablo de razonar hacia atrás,
es decir, analíticamente.
(ESTUDIO EN ESCARLATA)

                                                        

Sin duda los impulsos nos llevan a estas dinámicas que critican tales logicistas, de la misma manera que el control de las pasiones tampoco nos conduce a la verdad, sino que en ocasiones es una perfecta ocasión para la máscara:


El gesto y el tono son poderosas
ayudas para la impostura.
Más de una pieza ceremoniosa
de sofistería presenta
con gesto severo pruebas
que no pasarían
con un rostro natural.
(SHAFTESBURY: Sensus comunis)

No obstante, la sabiduría de los más agudos aforistas nos lleva también a defender la luz de las pasiones:

Parece como si la naturaleza
hubiese ocultado en el fondo de nosotros
talentos y capacidades que no conocemos:
sólo las pasiones pueden
sacarlos a la superficie
proporcionándonos a veces
ideas más certeras y completas
de lo que hubiera sido posible obtener
valiéndonos de un método.
(LA ROCHEFAUCAULD. Máximas)

Pero los lógicos no dejan de advertir de los riesgos de la implicación personal en el observador a la vez que desvelan su potencial iluminador, como resulta del citado estudio de los métodos de Holmes:

"Eran cosas admirables para el observador,
excelentes para descorrer el velo
de los móviles y de los actos de los hombre" 
(ESCÁNDALO EN BOHEMIA)
La pasión es, por lo tanto, un atajo
hacia el conocimiento, un posible
medio para llegar a la verdad
sin el obstáculo de la simulación.
Es una utopía de signos transparentes
que garantizan el conocimiento y el control
efectivo de un universo indiciario.
Pero lo que tanto valor tiene
para el observador, es peligroso
para el que se dedica a razonar.
(EL SIGNO DE LOS TRES
DUPIN, HOLMES, PEIRCE
Ed. Lumen, 1989, pág. 203).

Llevemos todo esto, finalmente, al héroe de nuestras viñetas y su lúcida inferencia de causas:


El profesional se excedió en su confianza, no traduciendo adecuadamente su diferente condición en los gestos más cotidianos.

Como persona de acción el abogado lleva una pesada mixtura de afectos y disposición lógica en su debate ordinario.

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