Este encuentro con el cliente será el decisivo camino para el abogado y por ello la resolución, firmeza y seguro amarre de las ideas en el andar es algo preciso para enfrentar el duelo crucial.
Es preciso interrogarnos antes que nada sobre el clima que hemos de crear para dicho encuentro y a tal fin disponemos de un requisito básico de la confianza: la comodidad.
La paseante reflexión filosófica precede a nuestro ensimismado héroe y es así que el destino se nos aparece como más profundo.
Volteando convenciones, buscamos la sorpresa para transformar la atmósfera del cliente, induciendo una suerte de hipnótica fuerza de atracción:
Hipnotizado parece Linus no sólo por el globo en sí mismo, sino también por la ocurrente respuesta de nuestro querido prestidigitador.

Eminentes lógicos y semiólogos (Eco, Sebeok, Peirce, Ginzburg) han destacado que en el proceso abductivo del célebre Sherlock Holmes se utilizaba como parte de la atmósfera necesaria en su método-juego “musement” la puesta en escena de golpes teatrales ante sus clientes, como forma de fascinación y provocación de reacciones indiciarias.

En un canto a la imaginación no desligada de la experiencia, Wallace Stevens dijo que "la poesía incrementa el sentido de la realidad" (Adagia)
¡Qué magia no
se ha de intentar por crear ese contexto de comodidad y reverencia en la relación profesional!



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