viernes, 25 de julio de 2014

III (15) TIEMPOS PERDIDOS o GANADOS?

Ahora que se acerca el mayor tiempo festivo y vacacional, la reflexión del abogado conduce a la condición de "inhábil" para el desempeño de mucha actuaciones jurisdiccionales.


¿Es ello un tiempo que puede calificarse de perdido?

Desde luego nuestro héroe se paraliza cuando el sabio Linus le interpela sobre los juzgados cerrados por ser festivo:


La primera reacción ante tal parálisis no deja de ser irónica.


El pertinaz gusanillo de pleitear parece haberse introducido en el tan afanoso abogado. 

En el “patetismo” de la escena se introduce una genuina compasión irónica de Linus ante el tan deseado e irrealizado juego del amigo. 

El chasco de Snoopy tiene muchas caras y ninguna de ellas alegre, pues el tiempo parece pesarle por todas partes.


Sin duda le pesa tanto como a los protagonista de otra famosa escena de abogados del ácido caricaturista Daumier:


"Cuando el crimen no rinde" reza esta patética plancha. Ni la partida de dominó consuela de la ausencia de actividad, ni anima en lo más mínimo, sino que amarga hasta una infinitud de miseria espiritual.

Hay muchas esperas y pasos perdidos en esta profesión.

Sin duda hay tales miradas esperpénticas una crítica a ese principio esencial del sistema capitalista, tan grabado a fuego desde los orígenes de la mentalidad liberal: el tiempo es oro.

Frente a ello qué mejor que recordar también en vacaciones una de las más sabias miradas filosóficas y en particular cómo la evoca Antoine Compagnon en "UN VERANO CON MONTAIGNE" (Espasa 2014) donde se reivindica lo que denominamos los tiempos perdidos o de ocio:

Como Cicerón, Montaigne cree que el hombre
no es realmente él mismo en la vida pública,
el mundo y la profesión,
sino en la soledad, la meditación y la lectura.
Al colocar la vida contemplativa
por encima de la vida activa,
todavía no es uno de esos modernos
que considerarán que el hombre se realiza
en sus actividades, en su negocio
(negotium), es decir la negación del ocio (otium).
Esa ética moderna del trabajo
estuvo ligada al auge del protestantismo,
y el otium perdió su valor supremo
para convertirse en sinónimo de pereza.

Nunca es tarde para voltear esta ética abominable y hacer del ocio un centro vital, que sin duda va más allá de la contemplación y pasa por otras muchas relaciones con los demás y como uno mismo, cual defiende Montaigne.

Feliz verano.

lunes, 7 de julio de 2014

III (14) LA LEY entre NECESIDADES de relación

Una faceta delicada del ejercicio profesional es cómo se interpretan las "necesidades" del abogado, desde la posición del cliente y de la del propio ejerciente.



Esta disquisición merece algo más que una pose pensativa y también algo menos que la visión predatoria que es tan típica en de las caricaturas de Daumier:


Reza la plancha del caricaturista:
"Mientras espera la audiencia,
Demóstenes almuerza a expensas del cliente.
El solomillo con patatas estimula la elocuencia"
Pero la necesidad comienza en el conflicto que traslada en su consulta el cliente:



El profesional parece que busca en sus recursos legales, a la vista de tan atenta y afanosa apertura de su cartera.

Pero la paradoja ilustrativa del sabio Schulz, pasa a ser doble cuando se genera una máxima luminosa para el sentido común, a la vez que tiende a generar una pausa para un básico abastecimiento del profesional.



Más amarga en su significación, otra tira de Los Peanuts hace explícito el conflicto cliente-abogado:



Aquí se concluye en una depredación sin mesura que hace cambiar el semblante del profesional:



La vergüenza  se hace patente en el rostro de nuestro enmascarado personaje, para sorpresa del herido cliente y del superior oyente del relato.

Intereses los hay siempre y los producen nuestras acciones.

Se trata de deslindar siempre entre las rosquillas, el solomillo y el bocadillo de la fiambrera ajena.